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Tras el
desastre provocado por la lluvia en 2012, tenemos la obligación de exprimir al
máximo un día en el que las hermandades deben hilar fino a la hora de cumplir
con sus respectivos horarios. A muy temprana hora comienza la jornada en el Cerro, lógico por cuanto son muchos los
kilómetros que los separan de la campana. Desde media mañana el barrio viste
sus mejores galas y acoge al visitante como uno más, pero si prefiere la tarde,
desde la salida de la Catedral hasta la Puerta Jerez debe quedarse como una
idea a tener en cuenta. Los Javieres es
una cofradía que cada vez se ve más acompañada por la tarde pero que sin duda
guarda como un tesoro los últimos metros de su recorrido de regreso, desde San
Juan de la Palma hasta su templo.
La Estrella levanta el telón en Triana. A pesar de la
anchura de San Jacinto, el Altozano y el puente, es tanta la gente que se
concentra allí a esperarla que quizás, si su tiempo lo permite, la noche se
convierta en su perfecto aliado. A esas horas La Hiniesta se mete en uno de los recorridos más bellos de los que
pueda hablarse. Desde San Pedro a San Marcos, y de ahí hasta su templo, es una
cita que debe convertir en ineludible. Si prefiere el sol de la tarde como
marco idóneo para acompañarla, vaya hasta el Pumarejo o la Alameda. Y dejamos
para el final la entrada de la Amargura, y, si se atreve, adelante su encuentro
un poco antes para verse con ella en Santa Ángela de la Cruz.